Salió de su casa en Sao Paulo para enfrentar una orden de arresto en su contra por delitos de corrupción.
Escribe: Piero Toledo

A las 2 de la tarde de Brasil, el exmandatario lusófono Michel Temer se subió a un auto de lunas polarizadas y se dirigió hasta la Superintendencia de la Policía Federal en Sao Paulo, para afrontar seis procesos en su contra por corrupción.

La prisión preventiva para Michel Temer se da por la sospecha de ser el líder de una presunta banda criminal, que opera desde hace 40 años y que sigue en plena actividad, y que habría obtenido “la promesa, el pago o el desvío hacia la organización de 1800 millones de reales” (unos 470 millones de dólares al cambio actual).

Por ello, ayer miércoles 8 de mayo, el Tribunal Regional Federal de la Segunda Región determinó que Michel Temer debe volver a prisión, dándole un plazo de 17 horas para entregarse a la Policía.

“Para mí fue una sorpresa desagradable, pero mañana me presento voluntariamente”, dijo el expresidente el día de ayer, y hoy cumplió con su palabra.

Respecto al Poder Judicial de Brasil, Temer también aclaró su postura. “En primer lugar, las decisiones de la Justicia se cumplen. En segundo lugar, la considero completamente equivocada desde el punto de vista jurídico. Siempre sostuve que en estas cuestiones no hay pruebas”.

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