5 libros de Roberto Bolaño para volver a sentir amor por tu hígado

Bolaño mirándonos desde el cielo, orgulloso de saber que la gente aún roba libros. Imagen: Archivo M. Urbano

Escribe: Ezzio Ramos Rojas

Dentro de un par de meses se cumplirán quince años sin el escritor Roberto Bolaño, fallecido el 15 de julio de 2003, entre las lúgubres dimensiones de un hospital barcelonés, alejado de su estudio en Blanes, a los cincuenta años, por culpa de una insuficiencia hepática que lo iba acechando hacía ya varios años y que, de haberse cumplido las esperanzas (que casi nunca se cumplen), habría podido curarse mediante un transplante de hígado que nunca llegó.

No obstante, lamentaciones aparte, nos quedó de él una obra extensa e interesantísima, en buena parte inédita, que en los últimos años ha logrado ocupar el espacio que se merece en la literatura contemporánea. Es fácil perderse entre tantos títulos, tantas reediciones y no pocos textos ocultos que se rescatan año tras año de los innumerables archivos del escritor chileno. Es por ello que tentamos aquí un recuento de cinco libros imprescindibles, ordenados bajo una lógica que no pretende ser determinante, pero que se prefigura como cierto orden para aproximarse a la obra de Bolaño. Lo cierto es que no son cinco, sino muchos más de sus libros los que se deben leer y releer para construirse una idea cabal de este escritor, que nunca desatendió la mística unidad del total de su obra, un corpus coherente que nos pasea a través del desconcierto, el Mal (en mayúsculas), la búsqueda eterna y la literatura.

1. Estrella distante (1996)

Hacia el final de La literatura nazi en América, libro previo a este, se nos detalla la historia de un poeta autodidacta, aviador infame que escribía versos de la Biblia desde un avión de la Segunda Guerra Mundial. Son los primeros días del régimen de Pinochet. Allende ha sido derrocado y el nuevo estado no quiere mantenerse ajeno a la promoción de las artes, del tipo de arte que solo puede surgir del terror y la muerte.

Estrella distante nos explaya este último episodio con todos los detalles de la historia de Carlos Wieder, piloto de la Fuerza Aérea de Chile que se esfumó tras las nubes negras de la literatura, dejando a su paso más preguntas que respuestas, aunque las pocas respuestas que se tienen están escritas con sangre. Pese a su corta extensión, no es un libro ligero. Arrancamos esta lista con este título para que, de buenas a primeras, el lector o lectora se encuentre con el mejor Bolaño, con la inauguración temática de lo que Bolaño escribiría más adelante: el Mal absoluto, el amplio conocimiento de la Alemania Nazi, los misterios de la literatura y el impredecible destino de una generación de muertos y desaparecidos. También es la primera vez que Bolaño menciona a “Arturo B.”, o Arturo Belano, como lo conoceremos más adelante.

2. Putas asesinas (2001)

Junto con Llamadas telefónicas, la mejor muestra del talento que Bolaño poseía también para el relato corto. Y menciono Llamadas telefónicas porque merece estar en esta lista tanto como Putas asesinas. Cuentos como El Ojo Silva, Últimos atardeceres en la tierra, El retorno, Dentista y el que da nombre a este libro, Putas asesinas, nos acercan a una faceta de Bolaño que va de lo íntimo a lo extravagante, de la farsa ilusoria a lo estrictamente autobiográfico, entremezclando en el camino esta sugerencia entre lo que fue verdad y lo que nunca dejará de ser un engaño, una triquiñuela llamada literatura.

Al final, todo lo que está escrito corresponde a una verdad que quizás no entendemos, pero que está ahí, observándonos desde sus más de doscientas páginas, manipulándonos en un paseo a través de la los espacios remotos, casi desaparecidos, y de la oscuridad que esconde sótanos de realidades escabrosas en las que a veces es mejor no husmear, aunque husmear sea la única posibilidad, la que nos conduce a ofrecer la vida a cambio de una salida que posiblemente no nos lleve a ninguna parte. Los referentes literarios, el recuento de sus experiencias y de su propia generación, los desencantos y las tristes victorias, la visceralidad asumida como una forma más de comedia: todo está presente en Putas asesinas, una de las mejores muestras del talento de Roberto Bolaño, de su capacidad para convertirnos en copilotos de la corta pero laberíntica carrera que fue su vida.

3. Amuleto (1999)

Ésta será una historia de terror. Será una historia policíaca, un relato de serie negra y de terror. Pero no lo parecerá. No lo parecerá porque soy yo la que lo cuenta. Soy yo la que habla y por eso no lo parecerá. Pero en el fondo es la historia de un crimen atroz.

Esta obra suele pasar desapercibida, por no decir ignorada. ¿Se debe quizás a que se le considera la hermanita menor de Los detectives salvajes (que lo es)? Calificada como “novela menor” por el mismo Roberto Bolaño, Amuleto se nos presenta como un ejercicio estilístico que, al igual que Estrella distante, nos reescribe una historia anterior y la profundiza a su manera. Sin tantas pretensiones, no obstante, sería injusto decir que esta obra merece pasarse de largo. No es una lectura ligera, pese a lo que parecería indicarnos la narración en primera persona que citamos más arriba, con que inicia esta historia que tiene de terror y de relato policial, pero en un nivel subterráneo, tan esquivo como totalizador.

Auxilio Lacouture protagoniza esta historia, la madre de los poetas mexicanos, como se hace llamar. Esta mujer, presente en la movida poética juvenil, se topa con el joven Arturo Belano y los realvisceralistas deambulando por las calles y los cafés del D.F., rememora una generación perdida (la generación de Bolaño), en la que jóvenes idealistas marchaban en camino unidireccional hacia el abismo de la muerte y la represión, un espacio y un tiempo que la misma protagonista sufrió al permanecer encerrada dos semanas en el baño de la Facultad de Filosofía y Letras, luego de que los militares la tomaran en 1968, en una pesadilla que es, a veces, muchas veces, el único destino al que nos conduce el soñar demasiado. Esta novela nos responde preguntas que aún no nos hacemos y que por ello se nos hacen enigmáticas y agridulces. Además, para efectos de esta lista, Amuleto funciona perfectamente como introducción estilística y temática a…

4. Los detectives salvajes (1998)

La novela que le otorgó a Bolaño el Premio Rómulo Gallegos en 1999 y lo catapultó a la fama internacional. Dividida en tres partes, esta obra monumental nos lleva por los terrenos descampados de la Ciudad de México, pero también de los desiertos de Sonora, pero también de las ciudades de España como ciertos pueblos perdidos de África y otros puntos más, todos marcados por el paso de la literatura, el ímpetu juvenil, las búsquedas infructuosas que aparecen tituladas como imposibles y que por imposibles se hacen excitantes. Pero, siguiendo una línea narrativa más entendible, mejor digo que esta obra nos cuenta la historia de Arturo Belano y Ulises Lima, la crónica de su generación, de sus sueños literarios y de sus fracasos también, de sus rumbos desconocidos y de los años que se pasaron deambulando los rincones del mundo en calidad de detectives perdidos en ciudades oscuras, narrados por infinitos personajes que los conocieron y nos dan cuenta de ellos.

Recomendable totalmente para cualquier lector, pero un tremendo lujo y placer de leer para los inyectados del germen Bolaño. Aquí se da rienda suelta del personaje Arturo Belano, un trasunto del mismo Bolaño o, como él mismo declaró, la versión de sí mismo que pudo ser o que se salvó de ser. Belano es un personaje en la penumbra que aparece y desaparece como la mayoría de los personajes bolañescos, un personaje que, desde su breve aparición en Estrella distante, es constantemente reescrito. No hay mucho más que decir, pues todo está ahí, en las seiscientas páginas de Los detectives salvajes, unas seiscientas páginas que se nos quedan cortas y que solo me permiten decir como mensaje válido, estas palabras trascendentales: léete este libro cuanto antes.

5. 2666 (2004)

“Un oasis de horror en medio de un desierto de aburrimiento”.
–Charles Baudelaire.

Todos los caminos conducen a 2666, que es lo mismo que decir que todos los caminos conducen a la ciudad ficticia de Santa Teresa, que es lo mismo que decir que esta obra inacabada e inacabable nos conduce hacia puntos lejanos, hacia el ojo de una tormenta silenciosa y devastadora, allí donde se cuecen los misterios entretejidos en la aparente normalidad y donde la brutalidad tarde o temprano lo reviste todo, ahí donde llegan a parar los protagonistas y las víctimas de esta historia que es miles de historias, donde se condensa el espíritu más propiamente bolañesco, aquel cementerio del que nos hablaba Auxilio Lacouture en Amuleto, un cementerio olvidado en el año 2666, pero que también es el único sitio a donde llegamos a parar, una nota a la primera edición de este libro póstumo, donde nos indican que el narrador omnisciente siempre fue Arturo Belano, el ubicuo y etéreo Arturo Belano.

Estamos aquí ante una obra inabarcable, marcada por la maldición, un libro que protege el alma de Bolaño luego de haberla absorbido, el proyecto que el escritor se planteó, quizás sin darse cuenta pero cada día de manera más indefectible, desde que, allá por 1992, se enteró de que su hígado destrozado no le auguraría mucho tiempo de vida. Ya en sus últimos años solo podía escribir sin cansancio, esperando que las energías le aguantaran para terminar las más de mil páginas de 2666. El destino quiso que se quedaran en 1124, más o menos y dependiendo de la edición, pero al que aún le faltaban unos centenares más y su respectiva revisión. Los atroces feminicidios de Santa Teresa, los pasos esquivos del escritor Benno Von Archimboldi por Europa y México, el ascenso a la locura y el tedio que parece gobernarlo todo, las reflexiones estériles de almas condenadas al polvo eterno: 2666 debe ser leída bajo tu propio riesgo, protegida/o por una sábana, pero siempre con el valor de terminarla, de descubrir las dimensiones de este oasis de horror del que hablaba Baudelaire. Y luego, dejar de respirar.

Bonus track: Los perros románticos (1993)

Roberto Bolaño siempre se consideró más poeta que novelista. En los años 70, motivado por la frescura que desbordaba el movimiento poético peruano Hora Zero por toda Latinoamérica, fundó en México el infrarrealismo, junto con Mario Santiago Papasquiaro y otros poetas jóvenes. Pese a todo el apasionamiento y ímpetu creador que le generaba la poesía, Bolaño nunca fue considerado un gran poeta. Sin embargo, entre su producción lírica destaca Los perros románticos (1993), una selección que va muy de la mano, en tanto estilo, con su prosa narrativa, como las primas hermanas que son.

En este libro, Bolaño nos da cuenta de personajes urbanos que merodean los márgenes de la realidad, que recuerdan y olvidan, que anhelan pero que son perfectamente conscientes del lugar en el que están y pertenecen aun contra su propia voluntad. En los campos floridos de la poesía, caben las prostitutas, los masturbadores impenitentes, los que de verdad ya no pueden más, como se menciona en un poema. Y es que si después de todos estos cinco libros ya presentados todavía no queda clara la energía extraterrenal que Bolaño le inyectaba a sus creaciones, Los perros románticos es la perfecta bisagra de su obra, en este caso del lado poético de su obra, es decir la bisagra de una puerta giratoria, el lado poético a veces oculto bajo una frazada pero presente en todos sus libros, del mismo modo que Amuleto es la bisagra de su prosa y del discurrir narrativo, acaso también desesperado, que emanan sus personajes. En fin, Los perros románticos nos reserva un espacio/tiempo literario donde, como dice el poema que da título al libro, crecer hubiera sido un crimen.

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