Fuente: Pikara Magazine
Fuente: Pikara Magazine

Quizá nada habla tan bien de un grupo de personas como los mitos en los que decide seguir creyendo. Pensar que somos fieles por naturaleza es fácil; creer que siempre ha sido así nos ordena, pero también nos aleja de otras formas de vivir.

La monogamia es un tema extraño. Muy pocos animales lo son y los humanos, en opinión de biólogos y antropólogos, no somos la excepción. En años recientes, el mito de nuestra supuesta monogamia ha sido puesto en jaque por otras formas menos convencionales de amar.

“En los sesenta y setenta ya había artículos sobre la práctica de tener más de una relación sexual o romántica de forma consentida. En los ochenta estaba de moda ser swinger y el intercambio de parejas. Pero la primera vez que se usó la palabra poliamor fue en 1990 en un artículo. En esa década también se habló mucho de placer femenino”, recuerda Giazú Enciso, doctora en Psicología Social especializada en afectos y feminismo.

El movimiento hippie estadounidense fue uno de los grupos sociales que con mayor fervor fomento el amor libre dentro de un proyecto social. (Fuente: YouTube)
El movimiento hippie estadounidense fue uno de los grupos sociales que con mayor fervor fomentó el amor libre dentro de un proyecto social. (Fuente: YouTube)

Los movimientos de minorías sexuales, feministas y movimientos como el hippismo o el punk han traído a colación las muchas formas de amar y ser humano. Hoy en día, los millenials parecen una generación tentada a creer en todas las posibilidades.

La generación de Tinder ha sido tildada de poliamorosa, por lo general desde una óptica negativa. “Miedo a comprometerse”, se suele decir, intentando calificar algo que, desde fuera, quizá no se entiende del todo.

“Creo que hablar sobre lo que sientes y cuáles son los límites es muy útil para cualquier relación. Si una atracción es tabú, lo único que va a pasar es que se va a hacer más grande. Si se habla, es posible neutralizarla”, afirma Jillian Deri, socióloga y profesora de la Universidad Simon Fraser.

Es lógico: ¿qué se gana viviendo una ficción? ¿Qué bien puede tener aferrarse a algo que no sentimos? Las nuevas generaciones, más atentas a esa sensibilidad esquiva, no hacen más que tomar las riendas de su vida si es que se plantean formas no monógamas de amarse.

Los soñadores (2003) de Bernardo Bertolucci es una de las películas que más originalmente ha retratato el tema del amor sin fronteras en el cine. (Fuente: Centrale Brusels)

De la mano con estas pasiones sin nombre (porque nadie se había ocupado de hallarles uno), las nuevas generaciones incorporan una generosa gama de términos para ordenar lo que hasta el momento carecía de forma: poliamor, no monogamia, género fluido, pansexual, demisexual.

La incomprensión suele ir de la mano ante oídos no acostumbrados a este diccionario de términos tan novedosos como necesarios.

Según The New York Times, en Estados Unidos unas 20 000 personas (como mímino) viven su poligamia de forma plena. El número podría ser mucho más alto. En el documental Monogamy, explained, esta cifra es mayor: aproximadamente 1 de cada 5. Esto incluye tanto a milenials como a sus contrapartes mayores y menores: baby boomers, centenials y generación X.

Sociedades más tradicionales, como la hindú o los países eslavos, suelen ser reacios a este tipo de pulsiones, en ocasiones expresadas como movimientos sociales y reprimidas por las fuerzas del orden. Culturas más individualistas y liberales, no obstante, dejan el asunto en manos de cada uno, entendiéndolo como un tema privado y no público.

En el documental Monogamy, explained, el medio digital Vox nos invita a un recorrido por las raíces históricas y culturales de la monogamia. (Fuente: YouTube)

No obstante, la poligámia no es para todos. David P. Barash, psicólogo evolucionista, argumenta que, si bien nuestra especie es “moderadamente polígama”, ello no quiere decir que esta condición sea deseable. Aunque la monogamía no sea natural, argumenta Barash, muchas de las mejores cosas en la vida no lo son.

No se trata de imponer, claro está. Las nuevas generaciones amorosamente más libres no buscan eso. Están, muy por el contrario, dispuestas a coexistir, a abrazar lo diferente y lo antiguo mientras los diferentes y los nuevos estén dispuestos a hacer lo mismo.

Con todo, somos una especie polígama, compitiendo por nuestro acceso a la reproducción. Nuestra cultura tradicionalmente ha hecho de todo por aplastar nuestra naturaleza. Quizá es tiempo de intentar conjugar las dos.

Escribe: Alejandro Núñez Alberca

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